
mano, mente, mundo, estrella.
Éramos sangre, marea o rayo.
Salgo de aquí.


do lo contrario). La cosa es que como más tarde o más temprano esto tenía que suceder, prefiero desvelar yo misma un documento único e irrepetible que refleja, como nunca, hasta qué grado de tortura se me pudo llegar a someter allí por parte de la comunidad hispana. 
Es un vicio antiguo. En noches previas al cambio de actividad o, mejor dicho, a volver a la actividad habitual, me da por cantar tangos (pésimamente, no se ilusionen). No porque me pongan triste sino porque me ponen alegre. Es raro, pero es así porque normalmente a la gente le entra mucha nostalgia la cosa del tango. Cuanto más arrastrado es el tango, más énfasis le pongo yo a lo que digo y mejor me sientan. Y más ancha me quedo. Como ejemplo, he aquí uno de los que más me gustan y más veces he cantado. 

Observando los planos (y aquí me corregirá mi amiga, la arquitecta), el dormitorio principal da a las montañas que se ven al fondo que, según me indica mi Meca-brújula, da directamente a la Kaaba. Vicios que una tiene.Pues sí. Héteme aquí convenientemente hipotecada y alquilada (por partida doble y por si había dudas al respecto).
Ahora he cogido el vicio de ir a visitar las obras. Los obreros me miran ya con recelo. No os digo nada cuando saco la cámara de fotos y me pongo a fotografiarles los cascos y los ladrillos. Tiro la foto y salgo corriendo al coche y huyo, no muy lejos porque tiene otra entrada y puedo seguir con mi espionaje fotográfico. Pero qué mejor que ver las cosas nacer, crecer y reproducirse.
Pasarán más de mil años, muchos más, antes de que os pueda enseñar el saloncito Luis XVI que tengo en mente. Es más, ya he calculado que el saloncito Luis XVI no cabe ni de coña en los metros asignados pero una tiene fe en el futuro (arriba, derecha, detalle saloncito Luis XVI).
Mi futuro barrio, además, me gusta. No por nada, sino porque en la misma calle, viven ya dos amigas, una calle más abajo otros dos amigos más y una calle más arriba, acaba de hipotecarse otra amistad. Según rumorean, hay prevista la construcción de un geriátrico en las inmediaciones. Lo tenemos todo calculado. Para cuando todos hayamos habitado los pisos, estén terminados, las lámparas colgadas y demás, tendremos que ir reservando plaza en el geriátrico contiguo. Mientras tanto, hemos fichado ya unos cuantos bancos donde comeremos pipas, haremos botellón y nos intercambiaremos información sobre la menopausia y la próstata. Y, nuestros sobrinos e hijos (para quienes sí los tienen ya), estarán ya pergeñando como conseguir una incapacitación de los abueletes (que ya seremos nosotros) para quedarse con los pisos que, esperemos, a lo mejor se han terminado de pagar.
Insisto: tengo fe en el futuro.

En esta imagen de EFE se ve el vuelo anunciado en las llegadas pero sin nota alguna. Ni arrival ni delayed. En tal día como hoy, se me vienen a la cabeza los enfados que me pillo cuando encuentro el "delayed". Y en un día como hoy, todos los enfados por el delayed pierden sentido.Eso sí. Me vais a permitir que os diga que sigo sin tener miedo a volar. Le tengo mucho más miedo a todo lo que se arrastra y más si lo conduzco yo. Y mucho más miedo a otras cosas que, por pudor, no menciono. Que descansen en paz.

Pues sí, ahora que se pone de moda en unos días, he de decir que allí estuve en el mes de febrero pasado (lo cuento ahora porque entonces no tenía blog para contarlo). Visitamos el Nido de Pájaro, el nuevo aeropuerto de Beijing, la vieja muralla china y lugares sin cuento. El caso es que me parece que hubiera pasado un siglo de aquello. Y es que mi cuerpo serrano pasó de septiembre de 2007 a junio de 2008 por Túnez, Bélgica, Palestina, Italia, Siria, Cabo Verde, Guinea Bissau, Mauritania, Senegal, Malí, Argelia, Marruecos, Túnez (again), China, Palestina, Israel. Y antes por India, Sudáfrica, Austria, Alemania, Francia, Inglaterra, Portugal, a ratos Marruecos, a ratos Túnez y así...
De repente, me paro y me digo que estuve allí. Que pasé un calor de muerte. Que la humedad me mataba. Que me dieron tres cólicos con la comida. Y que cualquier día de estos repito Beijing. Sobre todo, porque compartí un rato con Agatha Ruiz de la Prada. En el mismísimo corazón de Beijing. Y yo con mi camiseta del mercadillo de los martes. Y ella allí, tan colorida como iba. Para hacerle la pelota le dije que me echaba su perfume. El de la flor. Ese día era cierto y quedé como una reina mora. Qué cosas.

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Pues sí, voy haciendo ya boca y me cuelgo aquí una antigua foto de un restaurante de Jerusalén que ya visitamos en su momento. Y así ya voy salivando un poco hasta el domingo próximo que me prometo a mí misma una serie de platillos que echo de menos.(Como estoy romántica hoy y muy sensible, también admito besos. Con algo de saliva. El exilio me pone tierna, me lo tengo que hacer mirar).
