EL COLLAR DE LA PALOMA




Obrad como si no me hubierais conocido nunca, que yo también obraré como si no me hubieseis conocido ni amado.


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domingo, 24 de abril de 2011

A veces...

A veces me pregunto por qué el televisor es un aparato que siempre me ha sobrado (de hecho, no lo tengo en casa) y, sin embargo, el ordenador es un aparato del que no puedo prescindir y con el que hago, podría decirse, una gran parte de mi trabajo y gran parte de las comunicaciones personales. Pero no sólo eso. Podría pasar horas muertas buscando cosas por Internet, leyendo historias, yendo, viniendo. Sin embargo, la televisión me aturde, me aburre, me hace sentirme idiota y sobre todo, me indigna su presencia omnipresente en restaurantes, bares, casas privadas. La escuchas, quieras o no quieras hacerlo. Y si pides que se baje el volumen o que se apague, se te mira como si estuvieras pidiendo algo inaudito. No digo nada si declaras no tener televisor en casa (como si fueras snob de nueva hornada cuando la realidad es que ya la odiabas desde el vientre de tu madre). Venía hoy pensando que si hay dos aparatos imprescindibles en mi vida son, sin duda, el ordenador y el coche. Me fastidiría enormemente prescindir de alguno de ellos. Prescindiría de televisor y microondas (de hecho, no los tengo en casa), del teléfono móvil (con todo el gusto del mundo), pero me costaría no tener el coche cerca y el ordenador. Y pensando en esto, mientras conducía, he llegado a la conclusión de que hay aparatos que me provocan sensación de sumisión y otros de libertad. Creo que ahí está la clave.

sábado, 9 de abril de 2011

Frío

Últimamente, se da la casualidad de haber conocido la muerte en accidente de tráfico de un joven al que no conocía más que de oídas.

Aparte de la tragedia, y en este mundo internetiano, donde todo o casi todo puede saberse, conocía por casualidades diversas su página de facebook. Da frío, escalofrío, tropezar con ella por distintos motivos. Está suspendida en este universo virtual donde nos conocemos y nos hablamos como nunca imaginaron nuestros abuelos y parada en la fecha en la que sucedió la tragedia.

Nada se mueve, hay silencio, las caritas de los amigos están ahí también suspendidas y el silencio, será eterno. Dejamos ahí estos rastros, en twitter, facebook, blogs, correos electrónicos, supuestamente indelebles. Supongo que al paso de unos cuantos años, nuestros descendientes los verán cómo vemos nosotros los dibujitos de Altamira. Se hace extraña la idea: quedarse ahí suspendido, sin un hoy, sin nada qué decir, nadie que responda, con el silencio por delante hasta siempre. Y el dilema: podría eliminarse con más o menos dificultades. ¿Habría que hacerlo?

Me provoca frío encontrarlo cuando navego. Y dudo de qué querría que hicieran conmigo en el mismo caso.

miércoles, 9 de marzo de 2011

Cuesta abajo y a por los cuarenta

Os diría que traigo aquí mi foto para que me conozcais pero eso sería una solemne estupidez porque casi todas las personas que entran aquí me tienen a diario y en directo. O si no, me conocen el careto. Me traigo aquí a mí misma porque de pronto, he descubierto que voy casi cayéndome hacia los cuarenta, irremediablemente, paso a paso, sin prisa pero sin pausa pero me quedan meses, nueve, un embarazo, no más, para convertirme en eso que siempre se ha dado en llamar "una cuarentona". Y la cosa no es floja, no. Porque voy a decir el topicazo aquél de que yo no me creo que vaya a por la cuarta década de mi vida, pero también sería una solemne estupidez.
Como fuere, aquí estoy. Para quienes me conocen, para que se refresquen la memoria. Para quienes no me ponen cara, que me la conozcan antes de que cumpla los sesenta (que será mucho peor). Y cuando me veo ahí, francamente, me acuerdo de la jubilación. Y pienso que veinte años no es nada, o treinta y que febril la mirada. También pienso, qué cosas, que es extraño cómo se llega a ser lo que se es, que no se es nada y qué malos caminos me llevaron hasta este día, hasta esta foto y hasta este blog. Y quiénes estuvieron y no estuvieron para que ahora me vea yo esta guisa. Y que la vida venga a encontrarme esta tarde con estos pelos.


miércoles, 16 de febrero de 2011

Esa chispa

Hacía tiempo que no disfrutaba tanto como hoy con un país lleno de incertidumbres pero vivo de arriba a abajo. Gente en la calle charlando animadamente, gente manifestándose por su dignidad y la de su pueblo, gente que habla en voz alta, que no esconde nada o esconde lo que le viene en gana, gente que ríe más que antes, que gesticula a la mediterránea como siempre pero con más viveza y con una chispa diferente en los ojos. Sí hay cambios. Claro que los hay. Pero más allá de la pasión y si alguien por aquí me leyere aparte de leerme yo misma cuando quiero hacerlo, sería bueno que no nos olvidáramos pronto de ellos. No se lo merecen. Esa chispa esta viva, es real, de carne y hueso y capaz de mover montañas. Acompañarla con todo el respeto, la admiración y el cariño que se merece, creo, puede ser nuestra única tarea. El resto, posiblemente, farfolla sonora.

sábado, 14 de agosto de 2010

Granizo y emoción

Hoy ha caído una tromba de granizo en la ciudad de Cuenca de una duración de quince minutos, capaz de erizar los pelos a cualquiera. Lo digo porque yo, que me tengo por valiente, he dudado por algunos segundos de esto que digo. La gente ha rememorado otra de mayor intensidad de hace unos veintiocho años. De ésta, ni tan siquiera tengo memoria. Sólo la leyenda popular y los relatos urbanos que escuché después.

Sin embargo, lo importante de hoy no es el granizo. Ni la tormenta. Sino que he descubierto en alguien una capacidad preciosa de emoción, de empatía, de solidaridad, de preocupación, de verdadera emoción. Todo esto no tendría importancia de no ser porque ese alguien no cumple más que seis años. Pero en sus ojos había toda la madurez posible que puede haber a esa edad. Pero tan desbordante que me apasionó casi tanto como me apasiona una tormenta de verano. Simplemente porque me refresca el alma.

viernes, 28 de mayo de 2010

Malditos

Llueve en Barcelona. Estoy feliz y con suerte. Me ha tocado una habitación en un noveno piso con una terraza estupenda y una vista maravillosa. Una temperatura fantástica, fresca (es lo que me permite a mí sobrevivir y parecer un ser humano normal), los trabajos están saliendo bien y anoche cené en un lugar maravilloso (véase facebook) y con gente también maravillosa (que afortunadamente no están en facebook sino en la calle).

Lo único malo es que expresar tanto bienestar me sabe raro cuando lo único que tengo en mente es lo que estamos pasando y lo que nos viene de frente. No me creo culpable de nada pero me siento culpable de casi todo. Y me pregunto cómo es posible que me hagan sentir así para un pequeño placer que me permito en tanto tiempo y tan poca cosa, en realidad, comparada con la inmensidad del infinito. Aún más me indigno cuando me los imagino en sus guaridas sin remordimiento alguno mientras los pobres mortales nos lo vamos contando como podemos y algunos, creemos sobrevivir a la hecatombe con una dignidad que nos hace, encima, sentir mal.

Malditos sean los malditos. He dicho.

domingo, 23 de mayo de 2010

Nostalgias - Andres Calamaro - Tinta Roja

Me gusta el tonillo pasado de éste para esta noche. Para qué decir que me gusta las Nostalgias, de toda la vida de Dios. Así estamos en este veintitrés de mayo, a las doce y diez de la noche.

martes, 26 de enero de 2010

Saltando el potro

De niña no odiaba muchas cosas pero había una que sí odiaba especialmente: que me obligaran a saltar el potro. Parecía por aquel entonces que todos habíamos nacido para hacer eso con naturalidad y desparpajo y yo, que ahora intuyo que siempre sufrí de vértigo, sufría tanto con la idea que siempre me ponía a la cola y cuando ya me iba tocando, dejaba pasar al que iba detrás de mí hasta que me colocaba la última otra vez. Y nunca lo salté. Creo que el truco siempre me funcionó porque, ahora intuyo, todos mis profesores y profesoras debían también odiar lo del potro y, sobre todo, me debían leer en la cara el pánico que me provocaba la idea. Casi se me oía el rechinar de dientes. Pero es cierto que jamás, nunca, nadie, ninguno me obligó a hacerlo.
Pasado el tiempo, y con otras cuestiones, me veo a veces así. El potro está allí, me da el vértigo de antemano, me pongo a sudar de pensarlo y voy dejando pasar a otros. Por ahora, nadie me ha obligado. Por ahora, el truco cuela. Y es que mucho me temo que otros tantos están tan acojonados como estoy yo con algunas ideas.
Lo que nunca entendí es por qué había que saltar el potro. ¿Era realmente necesario?¿Tan importante era aquello?.

miércoles, 24 de junio de 2009

Adivinanza

Tengo doce. Me dan dos. Tengo catorce.
¿Qué es?

jueves, 4 de junio de 2009

De seguridad, aduanas, controles y metales

Lo que son las cosas: Brasil no descarta que una bomba estallara en el avión perdido y resulta que yo no puedo subir a bordo ni mis perfumes orientales, ni la pasta de dientes, ni un mísero frasquito de nada. De fumar, ni hablamos.
Encima, me registran hasta las ingles si me descuido en cada control, me descalzan, una tipa me toca las tetas y la entrepierna a modo y todo eso, sin que yo pueda rechistar. Cuando una escucha que a lo mejor es que explotó una bomba dentro del avión, se caga una en todo el paripé de las aduanas.
Si todos mis sufrimientos, sólo sirven para que al final me digan que un tipo ha conseguido colar nada menos que una bomba y hacerla estallar, me pongo muy nerviosita. En fin, reflexiones al amanecer. Y un beso.

martes, 2 de junio de 2009

Pasatiempo

Os voy a contar algo real, a ver si despertais de vuestro letargo. Se trata de un trámite administrativo que tengo que resolver.
Tengo un coche autorizado para aparcar en Madrid. Tarjeta residente para un año. Como no estoy empadronada, justifico mi residencia con la factura de teléfono (a mi nombre) y los papeles del coche. Listo.
Tengo ahora otro coche cuyo permiso de circulación también está a mi nombre. Pretendo sacarle la misma tarjeta. Se me pide lo mismo, pero se me dice que he meter, además, el carnet de conducir o bien de mi marido (o mi mujer), mi pareja de hecho, un padre o una madre. No tengo ni marido ni mujer, no tengo pareja de hecho, mi padre ya no está, mi madre tiene carnet de conducir. Bravo. Siguiente paso: ese paso, salvado. Pero, además, exigen que mi madre esté empadronada y si no, que justifique un gasto aquí. Ya, pero es que mi madre no vive en Madrid ni tiene por qué hacerlo.
Posibles soluciones:
a) cagarme en los muertos del que escribió esto.
b) cagarme en los muertos del que escribió esto e incendiar la oficina.
c) seguir desde la cárcel cagándome en sus muertos.
d) decir que soy viuda y huérfana.
e) falsificar documentos y seguir desde la cárcel cagándome en algo, ya veré en qué.
f) hacer un escrito dirigido al Rey diciendo que cómo es que en este país, en esta ciudad, no puedo aparcar dos coches en la calle legalmente, en caso de ser viuda y huérfana. O cómo es que mi futurible marido, pareja de hecho o madre, han de estar obligados a tener un carnet para que yo pueda aparcar un coche. O por qué obligan a mi familiar a vivir en Madrid.
g) pedirle a Su Majestad que me deje un hueco en su cochera.
h) una combinación de todas estas posibilidades.
Espero vuestras opiniones. Estoy perdida y desesperada.

martes, 27 de enero de 2009

De oca en oca

Después de un breve reposo espiritual, salgo el jueves para Casablanca y de allí a Rabat. En este breve paréntesis patrio, he tenido tiempo para hacerme con una de chopitos, una de mollejitas y alguna que otra lindeza de la tierra para reponer pilas y ánimos después de los suculentos "menuses" del avión (cualquier día de estos, le vomito a la azafata al abrir el menú o le corto la cabeza al piloto, una de dos). Que digo yo que si puedes conservar una tortilla churretosa o un filete de pollo dentro de un "catering", bien podrían llevar unos chopitos, un poco de mojama, algo de jamón ibérico. Pues no, se empeñan en darnos mierda a miles de metros de altura y sin salida posible del aparato.
Dicho esto, os cuento que no gané el Dakar pero me faltó muy poco. Os cuento también que después de terminadas las tareas encomendadas a mi persona y sin saber cómo, terminé en un velatorio en un barrio perdido de Dakar. El difunto era un caboverdiano y la parroquia de lo más variopinta. Música de Cesaria Evora en la puerta de la casa del difunto, una mesita con la foto del finado y una cruz, también dos velitas a cada lado y allí me dediqué a besuquear y ser besada por el padre del difunto (que tenía unos ciento setenta años en canal), a la viuda (joven, si la comparamos con el difunto), a las hermanas del finado y los hijos del mismo. El caso es que por simpatía/empatía y puntos frescos me eché allí unas lágrimas de cagarse la patilla abajo. Algunos me miraban admirando mi capacidad teatral para el momento. Otros admiraban mi gran relación con el difunto (a quien nunca conocí en vida y le conocí en muerte). El caso es que yo lloraba por lo mío pero se parecía tanto a lo suyo que no se notaba apenas la diferencia.
No me pregunteis por qué llegué allí. No tengo explicación para ese momento pero así sucedió.

sábado, 24 de enero de 2009

La iguana y el perro

Procuro escribir sin tildes y desde Dakar (perdonadme si soy lenta, breve y poco contundente con este teclado).Hace una temperatura ideal pero los senegaleses andan todos deprimidos porque declaran que no helaba de este modo desde hace tiempo ( os escribo con la ventana abierta de par en par).
Os vengo a contar que tuve que compartir asiento con un caballero que hizo viajar en la misma jaula a una iguana con un cachorrillo de perro de una raza sin registrar. Por ahora, no he logrado digerir que tipo de mente siniestra puede meter dos bichos tan distintos en un lugar tan reducido y someterlos a un viaje de tales horas y tantas horas de espera en salas de embarque. Algo que vendria a ser como si nos dejaran durante dos jornadas en el mismo camarote y sin salir, obligados a mirarnos de frente con algun politico que nos agrade (rellenad el nombre a vuestro gusto). Una mente siniestra, como digo.

martes, 13 de enero de 2009

viernes, 9 de enero de 2009

Alta traición

El cuarto coche por la izquierda es el mío. Mi pobre coche está pasando la noche de frío siberiano en solitario y en la calle. Tiene de bueno que será complicado que me lo roben debajo de ese montón de nieve. Pero no dejo de tener remordimientos de conciencia.

Así que os traigo aquí esta fotografía, recién salida del horno. Como prueba de mi gravísima traición a uno de los aparatos que más servicios me ha prestado y presta.

Me siento mal. ¿Será normal esto, doctor?.

viernes, 28 de noviembre de 2008

Los calcetinillos de la Espe

Que dice la Espe que no le ha dado tiempo a pasar por casa y se me presenta con los calcetinillos en la rueda de prensa, arreglá pero informal.
Francamente, y nunca me ha tocado un tiroteo, cuando yo regreso de viaje, de un viaje de ese calibre, lo más decente es irse a casa a ducharse y a refrescarse la entrepierna.
Así que si la Espe ha pensado que le daba más realismo al asunto yendo de aquella guisa, creo que se equivoca. Cualquier ciudadano se hubiera ido a dormir, a ducharse y luego hubiera hecho las declaraciones que hubiera tenido que hacer. Pero no. SuperEspe se planta con los calcetinillos, nos dice que no ha pasado por casa y luego ya se marca el rollo. En fin, que si quería demostrar valentía y arrojo, también podía haber dejado salir antes a su séquito. Pero es que así, Espe, hija mía, no resulta ni creíble. Y encima tiene un punto patético que te revuelve las tripas.
(Quería evitar lo de los calcetinillos de la Espe porque no es tema de mi agrado pero inexplicablemente, se me ha quedado la imagen grabada en la retina y estoy en un sinvivir).

lunes, 20 de octubre de 2008

De cómo la funcionaria opina de lo humano y lo divino

Inexplicable. Hoy me encuentro en una ventanilla cualquiera, de un ministerio cualquiera y en una ciudad cualquiera. Paso el detector de metales y no pito nada. De algo me tenía que servir la experiencia en aduanas. Para no pitar ni que me aten. No hay nada en mí que pueda pitar y controlo la posible pitada desde diez minutos antes de entrar en cualquier lugar donde pudiera o pudiese pitar. Me quito monedas, llaves, relojes, escapularios y medallas de la Virgen del Carmen. Tengo el síndrome de la "pitada" o así y todo mi objetivo en la vida es no pitar delante de nadie. Por ahora, consigo no pitar y soy feliz.

El caso es que pasado el control, me voy a mi ventanilla, entrego mis instancias y pongo cara de buena. Tasas pagadas, documentación completa, buen comportamiento y educación exquisita. La funcionaria teclea datos en el ordenador y empieza a soplar porque aquello no le responde como debiera. Su compañera, a todo esto sin casi haberse quitado los rulos, comienza a hablar del caso de la madre que ha perdido a su bebé de siete meses y ha salvado a los otros dos en una inundación en Castellón.

Una servidora pone la antena y escucha que lo que no se entiende es qué hace una madre con tres niños de noche metida en su coche, que así pasan las cosas que pasan. A mí se me abren los ojos como platos y la funcionaria que me atiende se queja tímidamente a su compañera y le dice algo así como: Mujer, a lo mejor iba a casa de los abuelos, o venía o tenía algo que hacer y tuvo que salir con los tres niños. La otra contesta que no, que hay algo oscuro y que no es normal andar en coche con tres niños a esas horas. Poco menos, que se veía venir y que no lo ve claro. Y yo, recojo mis papeles y aún ando preguntándome qué carajo no ve claro esta funcionaria eficiente.

Por si os queda alguna duda, no he logrado completar el trámite y me toca volver otro día.

viernes, 26 de septiembre de 2008

Las lluvias han afectado

En días laborables, suelo madrugar para escuchar las noticias en la tele, tomarme un cafelito con tranquilidad, una duchita y darme un paseíto hasta el trabajo. Sin prisa pero sin pausa.
Hoy me encuentro al "presi" hablando de sus cositas en la Onu y me pregunto si a él y a "Moratains" (léase, Moratinos) no les llegan documentos escritos por el pueblo como el que me enviaron a mí desde Tánger con motivo de la visita de SS.MM a las ciudades de Ceuta y Melilla.Concluyo que no. Que no les llegan estos documentos privilegiados que cuelgan en los escaparates (como hay especialistas aquí, que lo traduzca otro).
Y otra pregunta que me hago: ¿Por qué dicen "las lluvias han afectado"?. Estoy harta de cerrar el grifo y de tirar de la cadena una sola vez cada veinticuatro horas y ahora me dicen que las lluvias afectan...
Bito me dirá que estoy de mala leche. Y tendrá razón. Pero es que hay cosas muy raras que ni me caben en la sección Fenómenos paranormales. Me voy a tener que inventar otra etiqueta más agresiva.
Besos a todos.

viernes, 12 de septiembre de 2008

¿Bailas?

Esta será la entrada más breve de la historia de Malaventuras y es que medio país se anda preguntando qué hubiera sucedido en el aeropuerto de Ben Gurion si en lugar del bailarín norteamericano, hubiera entrado en Israel, Nacho Vidal.
Qué cosas se os ocurren. No teneis remedio.

lunes, 8 de septiembre de 2008

Se cuaja la tormenta y se masca la tragedia

Fiestecita, sí, señores. Día libre. Día para mi persona. Mañana, martes, sí, qué cosas, ¿verdad?. Resulta que falta o sobra un santo en el calendario y se pone o se quita ahora. Yo, ni idea, francamente. Esto de vivir en una comunidad a efectos laborales y sanitarios, en otra a efectos familiares y de derecho al voto y seguir las fiestas de una tercera, me tiene a mí hecha un lío. Así que no puedo asegurar qué santo o santa es mañana pero el caso es que le bendigo. Como a mi propia sangre.Para celebrar la tarde de relajo, me he ido de compras que tenía la nevera hecha unos zorros: ciruelitas, tomatitos, limoncitos, especias...

Eso sí, todo hay que decirlo: el santo en cuestión está cuajando en Madrid una tormenta tremenda. La luz que me entra en casa es amarilla o marrón bengué, se me ocurre. Todo esto, en un día en que alguien que no me esperaba, pretende tomarse un café conmigo. Después de un cierto tiempo de silencio y prudencia. Me encanta la gente que regresa con la frente marchita en un día de tormenta y las nieves del tiempo han plateado su sien, con un "querida" por delante y deshaciéndose en buenas maneras. Le reconozco el valor.

¿Le digo que sí?.