EL COLLAR DE LA PALOMA




Obrad como si no me hubierais conocido nunca, que yo también obraré como si no me hubieseis conocido ni amado.


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miércoles, 7 de septiembre de 2011

Pitufando

No deja de ser una ironía que me genera la mala conciencia eso de que en mitad de la vorágine, sientas mucha calma. Casi felicidad. Por ver cumplidas algunas profecías que significan, a pesar de todo, que quienes la dijeron tenían esa inteligencia que casi nunca se encuentra.



Tampoco deja de ser una ironía rendirse a la evidencia contudente de algo en el día de hoy, justo cuando menos ganas dan de rendirse ante nada y cuando menos se debería. Pero hay causas perdidas de verdad, momentos que no se cambian, rencores que no pasan y energías que de nada sirvieron, probablemente.



Va por ustedes, claro. Una vez más constato que de nada sirve la buena fe y que casi siempre ganan los malos. Menos en la película de Los Pitufos que vi este verano con mis sobrinos. No debí salir de la sala.

domingo, 19 de junio de 2011

Cuerpo de jota

Estas mañanas de domingo me ponen eso que tradicionalmente se conoce como cuerpo de jota. Cierta flojera matutina, ese desperezarse sin control, sin medir los tiempos. Sin querer saber de citas ni de teléfono. Posiblemente sea para mí la etapa más dura del año. No termina de verse aún el descanso, las cosas siguen girando, pero el cuerpo y la mente quieren ir girando en otra dirección. Flojera dulzona donde te consientes todo como en las mañanas de verano de la adolescencia cuando todo el desafío era ver qué maldad cometerías esa tarde y a quién querrías y a quien ibas a comunicarle que le dejabas de querer.


La sensación es la misma salvando que ya casi entramos en la cuarentena y que llega la hora en que te preguntas qué te toca hacer hoy. Siempre sale algo. Pero la flojera dulzona es la misma. Idéntica.

miércoles, 18 de mayo de 2011

Extraño mayo

Por diverso. Intenso. Como todo este 2011. Todo lo que sucede me saca del sopor que arrastraba a finales del 2010. Casi, de hecho, ni me acuerdo del estancamiento aquel. El 14 de enero, el 25 de enero, el 20 de febrero y ahora el 15, aquí. No daremos casi para abarcar el calendario y las conmemoraciones como esto siga así. Se me ocurre reemplazar a los santos oficiales por estas fechas del 2011 para compensar los siglos de hegemonía católica sobre los actos del día a día. Se me ocurre que podíamos cambiar la Semana Santa por la caída de Mubarak, con su poquito de celebración en el Tahrir o plazas de ese calibre. Se me ocurre que la Natividad podíamos ir cambiándola por la caída de Ben Alí. Vistamos a unos santos para desvestir a otros. Por variar. Por no aburrirnos. Por mantener la emoción. Incluso hay vida en España. Incluso hay aún esperanza. Hay seres atrevidos y atravesados aún por un hilo de vida en la puerta del Sol de Madrid y en otros lugares. Dicen que han acampado allí. Seres que piden cosas raras. Seres que no tienen trabajo, ni ganas de votar a gente que les engaña. Un fenómeno paranormal se está produciendo en nuestra patria: por fin, hay seres quejándose de lo que les pasa, gente amontonada por esa razón y no ha habido partido de fútbol ni nadie ganó a nadie. Donde hay vida, hay esperanza. Me gustan esos seres, no lo puedo remediar. Están provocando un extraño fenómeno paranormal.

Me gusta el 2011. No lo puedo remediar.

domingo, 24 de abril de 2011

A veces...

A veces me pregunto por qué el televisor es un aparato que siempre me ha sobrado (de hecho, no lo tengo en casa) y, sin embargo, el ordenador es un aparato del que no puedo prescindir y con el que hago, podría decirse, una gran parte de mi trabajo y gran parte de las comunicaciones personales. Pero no sólo eso. Podría pasar horas muertas buscando cosas por Internet, leyendo historias, yendo, viniendo. Sin embargo, la televisión me aturde, me aburre, me hace sentirme idiota y sobre todo, me indigna su presencia omnipresente en restaurantes, bares, casas privadas. La escuchas, quieras o no quieras hacerlo. Y si pides que se baje el volumen o que se apague, se te mira como si estuvieras pidiendo algo inaudito. No digo nada si declaras no tener televisor en casa (como si fueras snob de nueva hornada cuando la realidad es que ya la odiabas desde el vientre de tu madre). Venía hoy pensando que si hay dos aparatos imprescindibles en mi vida son, sin duda, el ordenador y el coche. Me fastidiría enormemente prescindir de alguno de ellos. Prescindiría de televisor y microondas (de hecho, no los tengo en casa), del teléfono móvil (con todo el gusto del mundo), pero me costaría no tener el coche cerca y el ordenador. Y pensando en esto, mientras conducía, he llegado a la conclusión de que hay aparatos que me provocan sensación de sumisión y otros de libertad. Creo que ahí está la clave.

domingo, 10 de abril de 2011

Mal diseño

Cómo atraviesan las palabras. Sin querer, andaba haciendo recordatorio esta noche de las palabras que más me han dolido. Hacía el ejercicio también de recuperar las que más me han alegrado. Es curioso, ni de lejos, recuerdo la textura de las últimas como la de las primeras. De las primeras, creo, se queda todo. El momento, la persona, la cadencia, la mirada, el impacto. Se repiten como mantras a lo largo de los años. Vuelven una y otra vez. Hieren como su pronunciaron. Se quedan retumbando en la memoria. Las otras apenas ya saben a nada. Se diluyeron, las que alegraron, no alegran. No sirven. Las que dolieron siguen doliendo del mismo modo. Es y me resulta extraño el efecto pero las que debí haber olvidado, me siguen rondando. Las otras no vienen a paliar el desastre. Creo que por eso cada día me esfuerzo más por evitar que me hagan daño con la palabra. Con hacerlo yo misma. Es lo único que no se logra olvidar. Lo otro, pasa ligero y no alivia. Así de mal diseñada está la memoria.

lunes, 28 de marzo de 2011

20 euros

Hoy, a la salida de la estación de Atocha, le he dado veinte euros a un hombre que decía venir de África, que no hablaba español, que decía haber perdido un tren y tener que coger un autobús para Barcelona y que lloraba y temblaba. No llevaba encima más que una mochila pero el temblor y el llanto eran reales. Inevitablemente, por el escenario y la situación, no he podido dejar de recordar la famosa escena del timo de la estampita. Por un momento, miré a izquierda y a derecha, por si me estaban grabando o por si veía algo anómalo.

De pronto, he pensado que lo más normal era pensar que el tipo decía la verdad. Que si el tipo decía la verdad, era verdad que necesitaba veinte euros. Que si yo le tenía delante y era un tipo correcto y educado, no tenía por qué no creerle. Sin darle más vueltas, le he dado los veinte euros. Timo o no, el llanto y el temblor eran reales. Y por veinte euros, no me vengo a mi casa pensando que no lo hice. Si fue una estafa, eso lo pienso ahora, tampoco nadie me obligó a hacerlo. Ni fui obligada, ni fui presionada, ni nada en la situación me obligó a sacar los veinte euros.

Si no lo fue, el tipo estará llegando a estas horas a Barcelona y a lo mejor cuenta que alguien le ayudó. God bless you, me dijo al irse. En cualquier caso, hoy tengo veinte euros menos y, lo puedo asegurar, ningún remordimiento que ofrecerle a la noche.

Es lo que hay.

jueves, 24 de marzo de 2011

La de los lirios

Hoy es jueves lo que no deja de ser una buena noticia porque significa, inevitablemente, la proximidad del viernes. Cosa obvia pero que me gusta decir por aquí porque así recuerdo que las semanas tienen sus días y que, incluso, hay fines de semana que llegan. Otra obviedad, claro. Pero me lo escribo para terminar de creerlo. Que no es poco.

Escucho en este jueves que la portavoz del gobierno sirio dice que va a haber cambios. Si a la de Túnez se la llamó la revolución de los jazmines, bien podríamos llamar a este la oferta de los lirios, que pensará este jovencito que alguien le cree en su país y fuera de él. Lástima del pueblo sirio y lástima de todos sus males. Tres discursos, tres y espero que caiga también. De oca en oca y tiro porque me toca. En homenaje, claro, en homenaje al pueblo sirio va esta entrada.

miércoles, 9 de marzo de 2011

Cuesta abajo y a por los cuarenta

Os diría que traigo aquí mi foto para que me conozcais pero eso sería una solemne estupidez porque casi todas las personas que entran aquí me tienen a diario y en directo. O si no, me conocen el careto. Me traigo aquí a mí misma porque de pronto, he descubierto que voy casi cayéndome hacia los cuarenta, irremediablemente, paso a paso, sin prisa pero sin pausa pero me quedan meses, nueve, un embarazo, no más, para convertirme en eso que siempre se ha dado en llamar "una cuarentona". Y la cosa no es floja, no. Porque voy a decir el topicazo aquél de que yo no me creo que vaya a por la cuarta década de mi vida, pero también sería una solemne estupidez.
Como fuere, aquí estoy. Para quienes me conocen, para que se refresquen la memoria. Para quienes no me ponen cara, que me la conozcan antes de que cumpla los sesenta (que será mucho peor). Y cuando me veo ahí, francamente, me acuerdo de la jubilación. Y pienso que veinte años no es nada, o treinta y que febril la mirada. También pienso, qué cosas, que es extraño cómo se llega a ser lo que se es, que no se es nada y qué malos caminos me llevaron hasta este día, hasta esta foto y hasta este blog. Y quiénes estuvieron y no estuvieron para que ahora me vea yo esta guisa. Y que la vida venga a encontrarme esta tarde con estos pelos.


domingo, 6 de marzo de 2011

La Pantera Rosa: una aficionada a mi lado

Un cajero se me tragó la tarjeta de crédito hace una semana, supuestamente, porque estaba caducada. La realidad es que me quieren encasquetar otra por la que tengo que pagar una comisión. Tampoco me funcionaba la cartilla porque la banda magnética está desprogramada por tanto paso por arcos de metales en aeropuertos. Una rotura de una tubería en mi edificio, inunda las cocheras y me deja el coche en el taller. Consecuentemente, llevo todo el fin de semana sin agua y sin ascensor (curiosamente, sí con calefacción). El teléfono móvil me deja de funcionar en este tiempo y lo cambio por otro (infinitamente más rústico pero que me sirver para lo que quiero de un teléfono: hablar por teléfono). A un tiempo, el coche que siempre me ha sido fiel, se quedaba sin batería. Por falta de tiempo, no he logrado lavar la ropa de las últimas dos semanas (y me he pegado el lujo de gastarme 200 euracos en ropa nueva, mira por dónde). Y todo esto que os cuento, ha sucedido en las últimas cuarenta y ocho horas.

La Pantera Rosa a mi lado es una aficionada.

viernes, 4 de marzo de 2011

Días de embriaguez

Hace unos años, dediqué un tiempo de mi vida a traducir una obrita de teatro de un dramaturgo sirio ya fallecido (Saadlla Wannus) que durmió para siempre en un cajón de mi casa por diversas razones que no vienen al caso. El caso es que el título lo traduje así, Días de embriaguez y ayer lo recordaba volviendo de mi viaje porque pensé que se me pintaba muy bien para lo que vivo estos días. No por nada sino porque la vorágine de las cosas que me rodean, de las tareas y de las personales, me llevan medio mareada, como en una especie de borrachera continua y agradecida. Ese momento de la pequeña euforia que a casi todos nos agrada porque nos hace valientes, vivarachos, lenguaraces y con un punto alocados. Pero que nos devuelve rápido a la realidad, donde las cosas son más serias, más plomizas e infinitamente más aburridas.
Así estoy, yendo y viniendo. No obstante, feliz. Mucho. Inquieta. Otro tanto.

domingo, 27 de febrero de 2011

Señoritinga

Hoy, además de algunas lecturas, me entretuve visitando esta exposición de coches antiguos en el pabellón de Cristal de la Casa de Campo. Me los hubiera comprado todos. De haber podido. Pero sólo me da la cosa y la nómina para pagar la entrada al recinto y soñar que voy montada en uno de estos, con mi traje de época, mis refajos y mis cosas. Un poco señoritinga me hubiera gustado ser para montarme ahí y saludar con la manita a lo Letizia. Lo reconozco.

lunes, 24 de enero de 2011

1/8C+(D-d) 3/8xTI MxNA

Eso que veis es la fórmula que se ha inventado un tipo-profesor que viene a identificar mañana como el peor día del año. O sea, que no vamos mal. Tendremos mañana el ánimo hecho unos zorros por unas sumitas y restitas que el tipo-profesor se acaba de sacar de la manga pero igual con un poco de suerte, se le revientan a él las almorranas (con perdón) y deja ya de inventarse fórmulas que joden porque a mí, no sé a vosotros, nada más leerla ya me ha puesto de mala leche pensando en que este tío cobrará un sueldo y ha perdido media tardecita haciendo el gorgorito este y la otra media, chateando con alguna amante, igualmente ilustrada.
Y todo esto para venir a decirnos lo que sabemos: que seguiremos gordos como vacas, que no dejamos de fumar ni con tres cajas de chicles metidas en vena, que no tenemos un duro y que somos unos perfectos capullos integrales por todo ello. Lo peor de todo es que para esto no necesitamos catedráticos. La bruja Lola me lo explica a mí sin tanta fórmula.
Qué sindios, hijos míos...

sábado, 14 de agosto de 2010

Granizo y emoción

Hoy ha caído una tromba de granizo en la ciudad de Cuenca de una duración de quince minutos, capaz de erizar los pelos a cualquiera. Lo digo porque yo, que me tengo por valiente, he dudado por algunos segundos de esto que digo. La gente ha rememorado otra de mayor intensidad de hace unos veintiocho años. De ésta, ni tan siquiera tengo memoria. Sólo la leyenda popular y los relatos urbanos que escuché después.

Sin embargo, lo importante de hoy no es el granizo. Ni la tormenta. Sino que he descubierto en alguien una capacidad preciosa de emoción, de empatía, de solidaridad, de preocupación, de verdadera emoción. Todo esto no tendría importancia de no ser porque ese alguien no cumple más que seis años. Pero en sus ojos había toda la madurez posible que puede haber a esa edad. Pero tan desbordante que me apasionó casi tanto como me apasiona una tormenta de verano. Simplemente porque me refresca el alma.

miércoles, 7 de julio de 2010

La España del Mundial y San Fermín (y la crisis, a lo que parece)

Anoche cenaba con una amiga que acaba de ser madre. Madre en solitario que no sola. Me contaba cosas como que al ir al pediatra por primera vez con sus tarjetas sanitarias que las identifican perfectamente como madre e hija, le preguntaban por el padre. O cosas como que le habían intentado impedir la entrada a una conferencia por llevar al bebé (dormida) con ella. O como que un señor le había llamado la atención a las once de la noche por caminar por la calle a esas horas con la niña. Qué horas son estas. Un completo desconocido. Llegábamos a la conclusión de lo bien pensado que está el sistema para ser madre en general y madre soltera, en particular. De lo bien pensado que está el sistema para aislar poco a poco a la gente que decide serlo y sobrevivir a la batalla. Y que en esta España del Mundial y San Fermín, de la crisis a lo que parece, tan moderna, tan así, todavía hay pediatras que preguntan estas cosas, señores por la calle que recriminan mujeres desconocidas que pasean con sus hijos y lugares donde se veta la entrada de una señora con un niño. Lógico en la lógica de este país. Donde se sobreentiende que mejor en casa (y con la pata, quebrada) o donde se entiende que ya hay una abuela para hacer la tarea en su defecto (otra mujer en cualquier caso). Todavía se andan preguntando por qué muchas renuncian (renunciamos a ser madres). Todavía se andan preguntando algunos por qué no aguantamos como antes. Todavía se andan preguntando algunos qué está pasando. Y eso, en una semana donde cumplimos 37 muertas a manos de sus parejas. Y todavía algunos no se quieren enterar.

lunes, 28 de junio de 2010

Treinta y cuatro años

Cuentan hoy que el primer desnudo femenino en Interviú fue hace treinta y cuatro años. Era Pepa Flores. Hoy sale Jesús Vázquez, haciéndolo coincidir con el orgullo gay. Bien está. Esperaremos por tanto otros treinta y cuatro años para que salga un desnudo masculino destinado a mujeres. Que no es que yo tenga mayor interés pero cuánto machismo subyace en la cosa en cuestión. Primero, servimos a los hombres. Después, casi cuarenta años más tarde, a los señores que gustan de señores. Tal vez, nos toque el turno más tarde a las señoras que gustamos de señores. Y si eso, para el próximo siglo, a las señoras que gustan de señoras, que ya es el colmo de lo invisible. Seguiría así hasta el infinito pero es tan evidente lo que aún sucede por estos lares que me llega a aburrir mucho el temita. E insisto, que me importa un carajo un tipo en bolas en una revista y no es algo que me quite el sueño. Pero sí me llama la atención que el orden de los factores, sí altera el producto.

viernes, 25 de junio de 2010

Madrugada extraña

Llevo una noche rarísima. Resulta que ayer, llegué de trabajar sobre las cuatro de la tarde a casa y en un estado de agotamiento inusual. Fundida, en serio. Así que me eché un poco en la cama con ganas de descansar y me dormí como una ceporra hasta la una y media de la madrugada y del tirón. Ahí me he despertado y me he dado cuenta de que llevaba nueve horas y pico durmiendo, sin cenar y desconectada de la realidad. Y ahora, aquí estoy. No he logrado dormirme otra vez. He limpiado mi casa (a las dos de la madrugada), he hecho las maletas y algunas cosas que me quiero llevar de viaje (a las tres de la madrugada), me he preparado una cafetera (a las cuatro de la madrugada), he preparado varios temas de trabajo (a las cinco de la madrugada) y a las cinco y media, ando cotilleando cosas por internet y escuchando noticias. De aquí me voy al curro directamente, dejo el coche cargado y cuando salga de currar, me voy de viaje.
Además, escucho a las cinco y treinta y cuatro minutos de la madrugada, unos truenos espantosos sobre la ciudad de Madrid. No sabía yo que estas cosas pasaban de madrugada.
Madrugada extraña, sin duda.

miércoles, 23 de junio de 2010

Ahí va eso



Esta cosa va dedicada a Mar, una de mis seguidoras incondicionales y mi fiel espía en el tema ricardiariano. Digo, querida, que sólo esto serviría para convencerme de que no es el hombre de mi vida. Pero conforme le voy escuchando, oye, le voy cogiendo el gusto y ya no sé qué me hago. Pienso que era joven, inexperto y que hay qué ver lo que habrá aprendido este hombre desde entonces. Pero te la debía.

Pinchad el título y si eso, ya me vais buscando. Que yo me voy de aquí.

martes, 22 de junio de 2010

País de cínicos no fumadores

Por partes y antes de que algún listo o lista, me espete la lista de ventajas de no fumar (que recuerdo a todos ellos que antes de ser fumadora, fui no fumadora, ergo, sé lo que significa no fumar y fumar mejor que quien no lo hace), quiero que vaya por delante que siempre fui, incluso sin la ley, una fumadora respetuosa, que jamás se me ocurrió fumar donde no debía, que jamás molesté a nadie con esta costumbre y que siempre pregunté si se podía. Que nunca invité a tabaco a un menor, que me negué a dar cigarrillos en la calle cuando me lo pedían y que, a cambio, he aguantado miles de malas costumbres de mis compatriotas que nadie, al parecer, piensa regular. Tanto es así, que les he soportado en casi mis cuarenta años, miles de costumbres de las que abomino, que me espantan, que me sacan de mis casillas. Tanto es así, que mi mejor desayuno, el mejor desayuno de mi vida, fue (sin fumar), en un hotel de Barcelona con una excursión de doscientos japoneses donde sólo se escuchaba el ruidito de los tenedores y las tazas de café. Dicho esto, y yendo por delante que me jode que me prohiban algo que yo he elegido libremente y de lo que no tengo que dar explicaciones a nadie, absolutamente a nadie (como nadie me explica a mí por qué mete a sus hijos y bebés en un bar hasta las tantas de la madrugada o los lleva a una boda de quinientos comensanles, para que se jodan, supongo), confieso que a día uno de enero, me convertiré en talibana de todas aquellas costumbres que aborrezco de mis compatriotas y que abajo os relato. Así que aquí tenéis el resultado. De una fumadora pacífica desde la adolescencia, me habéis convertido en una talibana de costumbres. Os vais a cagar todos aquellos que me vais a tener que soportar el mal humor que me provoca que seamos tan absolutamente cínicos en un país de asilvestrados vociferantes, chulos de barrio y moteros de noche. Un país de borrachos de fin de semana y de irresponsables al volante. Así que cuando querais, hablamos del tabaco. Que el tema me empieza a gustar.
Cuando a uno de enero, prohíban definitivamente fumar en sitios en los que yo normalmente me tomo mi café, con mi cigarro y ceno amablemente con jóvenes amigos y amigas, olvidaos de verme en ningún restaurante ni en ningún bar. Si alguien quiere verme o cenar conmigo, que me localice en casa.
A uno de enero, yo empezaré a pedir que se prohíban las televisiones en bares y restaurantes, el fútbol, los menores de edad en bares y restaurantes a la una de la madrugada, las terrazas de verano, los toros, los guarros que escupen en la calle, quienes mean contra la pared en mitad de la calle, las tunas en mitad de la calle, las procesiones de Semana Santa, los tambores, las castañuelas, los Sanfermines, la sangría mala, los borrachos en mitad de la calle, las vomitonas, la permisividad con el alcohol en este país y los menores, en fin, infinidad de cosas que me molestan a mí y que todavía nadie ha prohibido. Y el ruido, el ruido en la calle, la gente que pega voces en lugar de hablar, los pasacalles y todo lo que suene a imbécil. Tengo mucho trabajo por delante. Pero que no vuelvo a pisar un restaurante hasta que no llegue a un lugar civilizado donde, al menos, no se ejerza tanto cinismo como en este país.

Extraño

Hoy reflexionaba una sobre estas cenas de hermandad que están de moda con los antiguos compañeros de colegio, de instituto, de universidad. Parece que provocan alegría. Yo echo la vista atrás, a mis años de colegio, por ejemplo (aparte de que tuve tres colegios y eso influye mucho en lo que voy a decir) y no me entran ganas de volver a encontrarme con nadie, si lo pienso en frío. Tal vez, desde el punto de vista del morbo, pero no mucho más. De lo previo a la primaria, no guardo ni un recuerdo de ninguna cara que me acompañara. De los primeros años en Soria, me sucede algo parecido. Recuerdo vagamente alguna niña, algún rincón, algunos juegos. Pero nada concreto. De los últimos años de primaria, ya en Cuenca, sí guardo recuerdos pero a Dios pongo por testigo que nada me mueve a volver a encontrarme con ninguna de aquellas niñas. Seré borde pero no son nadie en mi vida, no lo fueron, la casualidad nos puso entre las mismas cuatro paredes y no recuerdo tanto a nadie como para querer compartir una cena con ellos. Algo similar me sucede con la secundaria. Y algo también parecido me sucede con la Universidad. Me queda alguna relación de todas las etapas, algo más de la secundaria y un poco más de la Universidad. Pero nada me lleva a pensar que quisiera encontrarme con ellos. Nada me mueve a ello. Rebusco en el interior y no me interesa demasiado saber qué fue de sus vidas, quiénes triunfaron, quiénes se quedaron en el camino. Ni me interesa tampoco contarles mi vida que sé, de antemano, que les importa tanto como a mí me importa las suyas. Igual no soy políticamente correcta pero últimamente, me llegan noticias similares y no le veo el gusto a la cuestión. Tal vez porque el arraigo en mí de ciertas cosas es casi nulo y porque nunca supe muy bien qué eso del arraigo. Viví siempre hija de emigrantes en distintas tierras y el único arraigo que me sigue quedando es donde sé que hay aún una gota de mi sangre. No logré nunca encariñarme con ningún sitio, tanto como para querer volver a él para siempre. No estuve ni estoy siempre ni para siempre en Madrid, ni en ninguna de las ciudades que he conocido. Creo que me pasa también lo mismo con las personas. Difícilmente soporto el arraigo en nadie durante demasiados años. Como con las ciudades, creo que podría sobrevivir sin todas ellas y caer en la más desconocida y volver a empezar. Será extraño, o no, pero igual que jamás volvería a lugares que viví como si fueran la parada final de todo, de igual modo, jamás volvería a algunas personas. Ya no me dicen nada.

miércoles, 16 de junio de 2010

Regulando, que es gerundio

Reza un titular del País que la doña Ministra Aído ve necesaria una regulación general del burka porque "los velos integrales no solo suponen un problema de identificación. También atentan contra la igualdad y la libertad de las mujeres".
Yo no sé ustedes, miembros y miembras de este blog, escuchantes y escuchantas de la cosa bloggera misma si ustedes han visto caminando por las calles españolas a muchas mujeres con burka como para que la Ministra esté, con la que está cayendo en este país, preocupada por regular el asunto burkiano. Quiero decir que si la estadística nos confirmara que la cuestión del burka toma dimensiones brutales como que cada cinco de ocho de mis vecinas lo llevaran, pongamos por caso, nos diera por ahí. Pues nada, tenemos a la Ministra de Igualdad de España regulando el burka a falta de otra cosa que regular, por lo que se ve.
Que digo yo, señora Ministra, si es que me leyere usted, su Vuecencia Excelentísima, si no sería mejor que terminaran con lo nuestro de una vez, que no es flojo, que encularan a todos los violadores, abusadores, chupadores, maltratadores y regularan eso bien que hoy he leído yo una sentencia por ahí que le pone tres añitos a un simpático violador de mujeres. Se me ocurre que esa sería una prioridad absoluta de su Ministerio. Por encima de todo. Enculamiento público de estos seres infames que conviven en esta sociedad y que pasan desapercibidos porque algunos, incluso, en lugar de burka, llevan corbata.
Se me ocurre también que sería bueno que de una vez se igualaran los salarios (al que le quede salario y trabajo a estas alturas) y que la conciliación de la vida familiar fuera una realidad y no una ficción como la que vivimos y sobrevivimos gracias, sobre todo, a las mujeres de la generación anterior que sin burka o con él, siguen siendo invisibles en la mano de obra barata y esclava de este país. Que digo yo, señora Ministra, que deje de dar por culo con el burka (que parece que se ha avistado un caso en Madrigal de las Altas Torres, según me han contado a mí) y se dedique a lo suyo. Que con arreglar el solar patrio ya tiene usted bastante y, con que no le cierren su Ministerio, también va bien la cosa.
En fin, es que a veces, lee una titulares que la subyugan, la emocionan hasta la lágrima y la ponen tierna porque lo del burka no es tan difícil. Se lo quita usted íntegramente para identificarse delante de las autoridades como corresponde a cualquier ciudadano que vive en Europa y circula usted de la misma manera y enculamos, de paso, al capullo de su marido por cretino y a usted por no divorciarse del cretino en cuestión.
Igual estoy algo violenta hoy pero es que la Aído me pone así.